Donde hay yoga hay prosperidad, éxito, libertad y dicha.






El vocablo “yoga” procede de la raíz sanscrita “Yuj”, que significa atar, juntar, sujetar, y uncir; dirigir y concentrar la atención a fin de utilizarla para la meditación. El yoga es, pues, el arte que lleva a una mente incoherente y dispersa a un estado reflexivo y coherente.  Es la comunión del alma humana con la divinidad.

El yoga es una forma sistemática de enseñar al hombre a ir con meticulosidad y eficacia en pos de la divinidad que se halla en su interior. Desentraña al hombre desde el cuerpo externo hasta el si-mismo interior. Avanza pasando del cuerpo a los nervios, y de los nervios a los sentidos. Desde los sentidos se adentra en la mente, controladora de las emociones. Desde el intelecto, su senda conduce a la voluntad, y de ahí a la consciencia.

Así, el yoga conduce al Sadhaka (el practicante) desde la ignorancia al conocimiento, desde la oscuridad a la luz, y desde la muerte a la inmortalidad.